Sinceramente, no sé en que momento dejé de ser feliz, y menos sé cuando llegó esa sensación de que yo tampoco te estaba haciendo feliz.
¿Qué nos pasó? Pasó todo, pasaron los cosquilleos en el estómago, los nervios previos a vernos, los mensajes de buenos o los momentos cursis que nos invadían por completo y, Dios, cuanto extraño todo eso, cuanto extraño los momentos inesperados, y todo lo que dabas de ti.
Ahora, ahora sólo son recuerdos, los cuales podría repetir una y otra vez si fuera posible. Mi vida, me dueles, me haces daño y así no puedo, soy débil, torpe, y quien sabe qué cosas más, pero, he dado todo de mí, lo he intentado, he querido que funcionara y no sé que pasa.
Serán mis ridiculeces, o quizás mis celos sin sentido, y es que, no te quiero perder, no sé como te has convertido en algo tan importante para mí, no sé como cada pequeña discusión me parte el alma.
Sabía que esto pasaría en algún momento, sabía que empezaría y que te aburrirías de mí, como lo dijiste, que te aburrirías de mis tonterías o de mi mal humor, de mis enojos por todo y lloriqueos por nada.
¿Esto debería seguir? Si tan indiferente te es, ¿deberíamos continuar? ¿Acaso deberíamos seguir intentando?
No quiero que todo acabe, no después de todo lo que hemos hecho y de todo lo que hemos conocido, pero tampoco quiero seguir llorando, preguntándome que es lo que estoy haciendo mal, como puedo dejar de arruinar todo.
Estoy asustada, con tanto miedo, siento que te pierdo, te siento tan lejos de mí, y siento que viene el final, y eso me asusta, no tenerte, no poder contarte mis emociones o quizás que tan sólo vayamos al cine.
Te necesito, Cristian, eres una parte de mí que quizás no se vaya nunca, porque nunca alguien me había marcado tanto como lo hiciste tú, porque nunca había amado tanto a alguien, porque nadie se habría vuelto tan importante.
Lo siento, por todo.
Por favor, hablemos.